¡Buenas noticias! Las tendencias demográficas apuntan a que, con toda probabilidad, viviremos más tiempo que nuestros padres y abuelos, gracias a las mejoras en la atención sanitaria, las medidas preventivas y las mejores condiciones de vida. Sin embargo, a medida que la población sigue envejeciendo, es previsible que aumente la demanda de servicios sanitarios y de cuidados de larga duración, que ya se encuentran bajo presión.
Según la Organización Mundial de la Salud, en 20301 una de cada seis personas en todo el mundo tendrá 60 años o más. Dado que una mayor esperanza de vida no equivale necesariamente a un período más prolongado de buena salud, es muy probable que el aumento de la población de edad avanzada dé lugar a un incremento de las necesidades asistenciales. En su estado actual, los sistemas sanitarios ya se encuentran sometidos a una presión considerable debido a la escasez de personal sanitario y a las restricciones presupuestarias. Atender las necesidades de las poblaciones que envejecen en un futuro próximo constituye, por tanto, un reto especialmente relevante.
Será necesario adoptar enfoques alternativos para reforzar y ampliar la prestación de asistencia sanitaria y garantizar el bienestar de las personas a largo plazo. En este contexto, el uso eficaz de las tecnologías digitales para el cuidado de las personas mayores se perfila como una posible solución. Las aplicaciones de salud digital, entre las que se incluyen la telemedicina, las terapias digitales, los dispositivos portátiles y las soluciones de atención a distancia, ofrecen una forma escalable y rentable de aliviar la carga que soportan los sistemas sanitarios.
Estas soluciones llevan ya un tiempo en el mercado y pueden ofrecer resultados satisfactorios si se implementan adecuadamente. No obstante, surgen interrogantes sobre su eficacia, las barreras para su adopción y la percepción de los usuarios cuando se considera su uso en personas mayores.
¿Son eficaces las intervenciones de salud digital para las personas mayores?
Muchas personas utilizan aplicaciones para teléfonos inteligentes o plataformas digitales para abordar problemas de salud que van desde trastornos mentales hasta enfermedades crónicas. Tras el inicio de la pandemia, la adopción de tecnologías de salud digital se ha acelerado de forma significativa; estas herramientas tienen el potencial de facilitar la prestación de asistencia sanitaria, mejorar el bienestar y prevenir o retrasar la aparición de afecciones graves. Sin embargo, es razonable pensar que los resultados obtenidos en personas mayores difieran de los observados en la población general, debido a factores como las limitaciones asociadas a la edad y las preferencias personales. Por ello, resulta fundamental evaluar previamente la eficacia de estas soluciones en este colectivo.
Un aspecto clave a tener en cuenta es cómo las intervenciones de salud digital pueden contribuir a mantener la movilidad física y la capacidad funcional. El ejercicio físico regular desempeña un papel central en la promoción de un envejecimiento saludable, ya que mejora el bienestar general, reduce la prevalencia de enfermedades, favorece la vida independiente y disminuye el riesgo de caídas entre las personas mayores.2 En la actualidad, existe una amplia gama de herramientas digitales que ofrecen programas de ejercicio estructurados, proporcionando a los usuarios orientación especializada y motivación para realizar actividad física en el hogar.
StandingTall, por ejemplo, es un programa australiano de salud digital desarrollado a partir de investigación académica cuyo objetivo es ayudar a las personas mayores a mejorar el equilibrio y la fuerza, así como a mantener la confianza y la independencia mediante ejercicios realizados en casa.3 El programa se centra en capacitar a las personas para llevar una vida activa y envejecer de forma saludable, ofreciendo ejercicios personalizados a través de una aplicación móvil y mostrando una reducción de las caídas y las lesiones asociadas. La herramienta está diseñada para resultar atractiva y fácil de usar, e incorpora estrategias validadas de cambio de comportamiento para fomentar la adherencia a largo plazo.
¿Hasta qué punto resultan útiles este tipo de aplicaciones en la práctica? Se llevó a cabo una revisión sistemática y un metaanálisis para evaluar la eficacia de los programas de ejercicio en el hogar impartidos a través de soluciones de salud digital —como aplicaciones móviles, sitios web y llamadas telefónicas— sobre la función física de las personas mayores.4 En los estudios incluidos participaron más de 5.000 personas. El análisis reveló que los programas digitales de ejercicio en el hogar se asocian con mejoras en la fuerza muscular y la capacidad funcional de las personas mayores. Asimismo, se observó que estas intervenciones reducían el número de caídas en un 23 % y generaban mejoras medibles en la calidad de vida relacionada con la salud, especialmente en personas mayores con problemas de salud. Estos resultados indican que es posible apoyar de forma eficaz a las personas mayores en el mantenimiento de su fuerza física y su nivel de actividad mediante el uso de herramientas digitales y apoyo remoto.
Otro reto sanitario estrechamente vinculado al aumento de la esperanza de vida es la mayor prevalencia de enfermedades crónicas, como la diabetes. Existen diversas soluciones de salud móvil orientadas a ayudar a las personas con diabetes a gestionar su enfermedad mediante un seguimiento continuo y la adaptación de sus hábitos diarios. Por ejemplo, la empresa danesa de salud digital Triba Health ofrece un programa online personalizado de control de la diabetes que aborda la enfermedad a través de intervenciones nutricionales y de estilo de vida, en lugar de basarse exclusivamente en el tratamiento farmacológico.5 Según estudios internacionales, el enfoque de Triba contribuye a ralentizar la progresión de la enfermedad en personas con diabetes tipo 2 y prediabetes mediante cambios sostenidos en la dieta y los hábitos cotidianos, con acompañamiento profesional continuo. Los pacientes disponen de cursos en vídeo, asesoramiento online por parte de dietistas clínicos, consultas médicas a distancia y apoyo comunitario.
Otro proveedor centrado en la gestión de enfermedades es Juli, una empresa estadounidense de salud digital que ofrece soluciones para afecciones crónicas como la hipertensión, los trastornos de salud mental y el asma.6 La aplicación móvil de Juli, basada en inteligencia artificial, recopila datos como el sueño o el recuento de pasos procedentes de dispositivos wearables. Posteriormente, combina esta información con historiales médicos integrados, datos ambientales y datos sobre el bienestar facilitados por los usuarios a través de una función de chat diario. A partir de esta integración, la aplicación genera información relevante y recomendaciones personalizadas, además de ofrecer recordatorios discretos para la toma de medicación e incentivos para el bienestar a través de elementos de gamificación.
Dado el creciente número y la diversidad de estas herramientas en distintos mercados, resulta fundamental evaluar su impacto real en las personas mayores. Este aspecto también ha sido objeto de análisis en la investigación científica. Un metaanálisis examinó el impacto de las intervenciones de autocuidado basadas en aplicaciones, en comparación con otras condiciones de control (por ejemplo, la atención habitual), sobre los resultados clínicos de personas mayores (60 años o más) con diabetes tipo 1 o tipo 2.7 El estudio incluyó siete ensayos controlados aleatorios (n = 490). Los resultados mostraron que estas herramientas son eficaces para apoyar el control de la enfermedad, ya que contribuyen a reducir los niveles de glucosa en sangre. Las intervenciones basadas en aplicaciones produjeron una reducción media de 0,4 puntos en la escala de HbA1c, un efecto clínicamente significativo asociado a mejoras relevantes en el control glucémico a largo plazo. Asimismo, se observó un efecto positivo de las intervenciones de salud móvil en la adherencia al tratamiento.
Aunque la evidencia científica presenta ciertas limitaciones, parece razonable concluir que el ámbito de la salud digital ha demostrado su potencial en determinados contextos. Estas herramientas pueden contribuir a mejorar los resultados en salud de la población de edad avanzada y a promover un envejecimiento saludable, especialmente cuando los sistemas tradicionales de atención sanitaria resultan insuficientes.
Barreras y percepciones
Dicho esto, el éxito de una solución digital depende en gran medida de la aceptación por parte de los usuarios, y las actitudes hacia estas herramientas varían entre generaciones. El uso de soluciones de salud digital se apoya, en gran medida, en la confianza en la tecnología, la familiaridad con su uso y la disposición a integrarla en el itinerario asistencial. Es razonable pensar que muchas personas mayores se inclinen por los métodos tradicionales de atención sanitaria debido a una menor alfabetización digital y a rutinas consolidadas. De hecho, un estudio realizado en Suecia identificó la ansiedad tecnológica como una barrera significativa para la adopción de plataformas de salud digital en este colectivo.8 Este grupo de población puede carecer de la experiencia previa y, en algunos casos, de la capacidad física habitual en generaciones más jóvenes, lo que puede dificultar el uso de estas herramientas. No obstante, el mismo estudio puso de manifiesto que muchas personas mayores percibían el uso de plataformas de salud digital como más complejo de lo que realmente resultaba, lo que sugiere que la experiencia directa puede reducir las reticencias iniciales.
Como ocurre con cualquier nueva tecnología, es habitual que exista cierto grado de resistencia —no solo entre las personas mayores— antes de que se reconozcan plenamente sus beneficios. En este sentido, puede ser necesario comunicar de forma clara el valor añadido de estas soluciones para fomentar su adopción. Un estudio que analizó la percepción de las personas mayores sobre los servicios de salud digital en Alemania mostró que la utilidad percibida es uno de los principales factores que influyen en la intención de uso,9 junto con una mayor confianza en el manejo de tecnologías digitales y una menor preocupación por la privacidad. Asimismo, las condiciones sociales y el nivel educativo también influyen en la actitud de las personas mayores hacia la salud digital.10
En resumen, demostrar de forma clara la utilidad de la tecnología parece ser un elemento clave para que las personas mayores integren las soluciones de salud digital en su vida cotidiana. Ofrecer formación adecuada y apoyo continuado sobre el uso de estas herramientas puede reforzar la confianza y mejorar la percepción general. Es de esperar que, a medida que las personas mayores se familiaricen con estas soluciones, reconozcan su valor y se muestren satisfechas con su utilización.
Conclusión
Aunque las aplicaciones, las plataformas y las interfaces digitales no constituyen la solución definitiva a los retos sanitarios asociados al envejecimiento, sí representan herramientas valiosas para mitigar su impacto. Cuando se desarrollan y se implementan correctamente, permiten prestar asistencia sanitaria de forma escalable, eficiente y cómoda para las personas mayores. A medida que la tecnología y la creatividad humana continúan avanzando, cabe esperar la aparición de soluciones cada vez más innovadoras y precisas. Estaremos encantados de seguir profundizando en este tema.
Las empresas y los productos mencionados en este artículo se incluyen exclusivamente a modo de ejemplos ilustrativos. Gen Re no respalda a ninguna de estas empresas ni sus productos, y los resultados derivados del uso de estos pueden variar de un usuario a otro en función de múltiples factores independientes.